Valientes cuasianónimas


Este no es un post pata filosofar, es un post para honrar.

Hace ya algún tiempo que me viene a la cabeza escribir sobre dos personas que están muy cerca de mi y que creo que se merecen mucho cariño, pero empezar por un post para decirles lo que pienso y siento me parece un buen principio.

Las he elegido, frente a otras muchas personas de mi entorno que están en situaciones parecidas, por varias razones:

  • Las dos son muy cercanas a mi, les tengo mucho cariño
  • Las dos tienen casos, para mi, muy extremos
  • Entre las dos tengo un buen ejemplo de los dos roles que el cáncer nos puede hacer jugar en está vida.

También he de intentar no entrar en su zona personal privada mientras dejo claro lo que pienso y porqué. Espero conseguirlo para no causarles molestias.

La primera está sufriendo un cáncer que hace ya varios años se anunció en su vida. Es un cáncer que yo veo como una espada de Damocles, sobre su cabeza. De ella sólo puedo decir que admiro su fuerza vital, su capacidad de disfrutar las pequeñas cosas de la vida y de, en general, ser feliz.

Sé que tiene sus momentos y que a ratos las cosas parecen muy difíciles y eso afecta a su humor pero entiendo perfectamente que mantenga esa lucha interna y que a veces resulte difícil ver que puede ganar, pero su actitud está siendo encomiable.

Yo no quiero ni imaginarme como estaría de inaguantable, no tengo ni idea de si sabría seguir siendo lo feliz que me gusta considerarme ni si sabría seguir con mi vida como ella lo está haciendo y eso hace que valore aún más como está ella.

La segunda persona… ufff, la segunda persona.

Hace ya dos años tuve la suerte de que mi hija pequeña, Silke, salió del cáncer en sólo tres meses, y sin pinta de ser redivivo hasta el día de hoy. Para mi fue difícil sólo al principio, hasta que supimos que aquello era muy probable que fuera bien. Nos concentramos en los pasos del tratamiento y en cuidar la mente de nuestra pequeña.

Ni quiero ni puedo imaginarme como puede sentirse esta segunda persona.

Madre de dos hijos, el segundo nació con una enfermedad congénita que requiere ayuda constante.

Cuando el chaval estaba demostrando que la fuerza de él y su madre y las ganas de vivir le permitían hacer cosas que ningún otro con su enfermedad había hecho antes, a la mayor se le detectó un cáncer que requiere dedicación completa de sus padres.

Un cáncer que es muy difícil vencer completamente. Un cáncer que conlleva un dolor físico que yo no creo ni haber estado cerca de sufrir nunca, recaídas, tratamientos brutales y meses de aislamiento.

La niña y su madre, con sus altibajos, han sido un dechado de paciencia, buen humor, esperanza, amor, fuerza y resiliencia y ahí están, aguantando, viviendo sus vidas y en un momento calmo del cáncer.

Personas como estas me recuerdan con su experiencia y su actitud que la vida está para ser vivida y que el afortunado que tiene salud puede disfrutar de todas esas cosas que te llenan cuando sientes la muerte acechando en lugar de todas las cosas materiales que normalmente deseamos pero no nos llenan.

Mi más sincera admiración y cariño. A ellas en particular, a todos los que pasan por momentos difíciles de verdad en general

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