Bueno, una vez más me apetece escribir un poco sobre mi forma de pensar y sentir. Como siempre, es solo una opinión, si no le gusta al lector me la puedo meter por algún orificio y empujar hacia dentro.
No espero cambiar formas de pensar, aunque sí me gustaría traer la duda y acercar al pensamiento crítico a cualquier mente con cierto nivel de curiosidad.
Qué bonito tema y qué poco se habla, fuera de ciertos ámbitos artísticos y filosóficos, de él. Al menos todo lo que, en mi humilde opinión, habría que hacer y cómo se debería hacer.
Para empezar, lo haré con una generalización, creo que está claro que gran parte de la humanidad tiene miedo a la muerte y a todo lo relacionado con ella y que de aquellos barros estos lodos (alumbraré el significado de esta frase más adelante). Si no la mentas no viene. ¿O sí? Bueno, toquemos varios temas alrededor de ella, entre ellos, la mía (mi muerte).
La maldición de la vida eterna
Recordemos que se ha hablado mucho en filosofía, literatura y cine sobre la maldición que puede suponer la vida eterna. En la cultura hay muchos personajes que piensan que les gustaría ser inmortales, pero, como muchas cosas en esta vida, una vez lo consiguen, se dan cuenta de la maldición que supone. Ver a tus seres queridos morir, o vivir tantos días que sea imposible sentir nunca más la sensación de novedad que tanto nos gusta, o simplemente que tu cuerpo siga envejeciendo y los achaques llegando ya me parecen suficientes razones como para comprender que no es oro todo lo que reluce. Obviamente en la literatura el que es inmortal lo hace sin envejecer, pero en la vida real tenemos mucha gente que alarga su vida con operaciones y tratamientos, pero, al menos hasta ahora, con cuerpos que si envejecen, y todo por miedo a la muerte.
El sentido de la vida
Creo que uno de los problemas con la muerte viene del camino que seguimos para llegar a ella, la vida. El ser humano necesita encontrar explicación para todo y, claro, el porqué de la existencia de la humanidad y de qué hemos venido a hacer debe tener unos cuantos millones de toneladas de papel escritos, así como otros tantos Petabytes de información almacenada al respecto. Yo creo que debemos aceptar que no todo tiene respuesta o bien que nos llegará cuando adquiramos más información. No darle más vueltas a la noria. No importa cómo y por qué existimos. No hace falta tener el porqué y buscar un sentido a la vida. Démosle sentido nosotros mismos hasta que tengamos toda la información que nos explique los grandes secretos de la vida.
Por ejemplo, orientemos nuestra existencia y esfuerzos a intentar que la humanidad sea sostenible (si es que aún tenemos alguna opción) y a intentar ser mejores cada día. Mejores personas, mejores profesionales, mejores padres, mejores amigos, mejores parejas…sin necesidad de competir, of course. Paja mental grande
Al hilo de la humanidad, y por volver al tema central, la muerte, seamos claros: No es sostenible que vivamos todos para siempre. Es bueno que venga sangre fresca que se adapte a los cambios (los humanos dejamos de hacerlo a lo largo de nuestra vida). Es bueno que el mundo no se quede lleno de dinosaurios que no pueden sumar por faltarles fuerza o cerebro ni adaptarse a cómo se está viviendo.
Tampoco es sostenible un mundo en el que sólo se sumen personas, ya estamos lo suficientemente superpoblados.
Yo ya he hablado alguna vez que no quiero que mis hijos me cambien los pañales, por mucho que yo se los cambiara a ellos. Llegará un momento en el cual no sumaré a nadie a mi alrededor, más allá del confort emocional que puedo generar porque sepan que estoy vivo. Ese sería un buen momento para, como haría un buen vikingo, marcarme un Ättestupa.
Como decía al principio, nos cuesta mucho hablar de la muerte. No sé cuál es el huevo y cuál la gallina, pero, por supuesto, si no hablas de ella no puedes saber gestionarla. ¿O es no saber gestionarla lo que nos impide hablar de ella?. Si no somos capaces de explicar a un niño que su abuelo o su perro han muerto y no volverán sin dar rodeos, sino que tenemos que decorarlo de alguna manera, ¿Cómo podemos pedir a un niño que entienda y normalice la muerte como lo que es? ¿Y cómo lo gestionamos como adultos si no nos han enseñado como niños?
Hace mucho que digo que esta sociedad necesita más inteligencia emocional y creo que aquí, al respecto de la gestión de la muerte, ya se convierte en super importante. La mejor herramienta para la gestión del duelo, la que nos permitiría gestionarlo de forma rápida y sana, la tenemos dejada de lado. Aquí me voy a tirar un triple, creo que el duelo está presente en muchas más ocasiones de las que somos conscientes. Creo que tenemos que pasar un duelo cada vez que alguien nos rechaza, o que las cosas no nos salen como queremos o cometemos un error, o cada vez que alguien nos deja (por supuesto, este lo tenemos superdetectado!), o cada vez que no llegamos a nuestros estándares, o cada vez que no llega alguien cercano a nosotros a nuestros estándares… O mil casos más.
Para mí todo eso es duelo a pasar, y cuanto antes aprendamos a convivir con ello, más capacidad de disfrutar de todo aquello que aprendemos o hacemos bien. Me vuelvo a tirar un triple, pero creo que la sociedad, al menos la occidental, sigue prefiriendo que suframos y lo mostremos. La culpa es una forma de controlarnos (si haces esto eres malo y te has de sentir mal) y si no muestras dolor, no hay culpa. O te lo estás guardando, y por lo tanto estas haciendo las cosas mal.
Qué difícil elegir entre la espada (sentir cuanta mas pena mejor para demostrar que eres bueno) y la pared (aceptar y pasar el duelo rápido para ser feliz y que piensen que eres frio o insensible)
Cosas a hacer cuando muera
Bueno, yo sí tengo gestionado el duelo en general, y el de mi propia muerte también. Creo que sabré aceptarla sea cuando sea. He tenido la suerte de vivir ya 48 años, gran parte de los cuales he sido feliz (necesito hacer un post sobre esto también, que he digievolucionado en mi pensamiento al respecto) y veo lo que queda de mi vida como días regalados de los que disfrutar al máximo.
¿Cómo me gustaría morir? Obviamente en medio de un orgasmo, no veo mejor forma, pero si me toca atropellado o por un cancer, pues será lo que toque. Obvio que no me gustaría dejar a mi pareja dolida o jodida por «haberme matado de placer» pero se puede hablar antes 😉
¿Cuándo me gustaría morir? Cuando la parca lo decida. Es una figura retórica, no necesito creer en que hay alguien escribiendo nuestros destinos en forma alguna. Igual alrededor de los 60-65 cuando los achaques me dificulten vivir disfrutando. No, no pienso cuidarme muchísimo para vivir más allá. Soy más de vivir intenso y feliz que de vivir mucho.
¿Qué quiero que pase después de mi muerte? A mí me encantaría que se celebrara. Quien quiera hacerlo porque le sumé en vida, sea. Quien quiera hacerlo porque me odia, por la razón que fuera o fuese, también me parece bien. Hace mucho que me di cuenta de que a) No soy croqueta, b) Ni las croquetas les gustan a todo el mundo. Pero que haya celebración, por favor. Igual algún día me marco un Ironman como Robert Downey JR. y grabo un mensaje póstumo para que se echen unas risas en mi fiesta de despedida.
Una vez haya muerto, mi cuerpo dejará de ser yo (¿Por definición?), por lo tanto, quiero que mis órganos sean cedidos para transplantes o, como posiblemente no valdrán un duro, para la ciencia. Puede merecer la pena que investiguen el porqué de mi superpoder de no tener resacas. Por supuesto, que se deshagan del resto de mi cuerpo de la forma más barata y legal. No estaré para juzgar a nadie porque no haya pompa, y, si lo estuviera, preferiría que el dinero se gaste en alguien que aún esté vivo.
Si que me gustaría que la gente guarde los recuerdos que tenga de mi, a ser posible los buenos, eso sí me regalaría la inmortalidad
















